
Autor: Don Sabo
Un espacio dedicado a tratar temas de interés psicológico de actualidad y compartir contenido para el desarrollo de de la Psicología como ciencia.


En la conformación del vínculo amoroso la intimidad psicológica resulta uno de los elementos vitales. Existe una distinción entre intimidad psicológica e intimidad corporal. La intimidad corporal - o más bien contacto corporal - no requiere necesariamente de intimidad psicológica, la misma puede establecerse con más o menos facilidad, con varias personas simultáneamente o sucesivamente, sin que requiera implicación personal de modo imprescindible. A veces esto es una elección personal, cuando es éste el tipo de vínculo que la persona desea establecer. Otras veces se trata de personas incapaces de intimidad psicológica y enfatizan entonces, el contacto corporal como un modo de evadir la implicación personal, en una suerte de proliferación de “vínculos” amorosos aunque en un contexto de vacío afectivo. También, para algunas personas con vivencia de soledad y carencias afectivas, el sexo se convierte en un fuerte intento por escapar a este malestar emocional lo cual, finalmente, ahonda la soledad. A pesar de ser el contacto corporal un asunto de elección individual, ello no apunta siempre a la satisfacción de necesidades sexuales, sino que con frecuencia, constituye expresión de necesidades emocionales no resueltas (necesidades desmedidas de afecto y aprobación ante una autoestima dañada, de reafirmación de la identidad sexual, de ejercer el poder sobre otros u otras, de determinismo externo), que encuentran en el sexo un cauce. El sexo que aparenta ser aquí un fin, pasa a ser un medio en la resolución de carencias psicológicas. Existen otras personas que no logran intimidad en ninguno de los dos planos. La incapacidad para el contacto íntimo, se convierte en barrera para el contacto corporal. El sexo es uno de los modos más profundos de sentir dentro de las relaciones interpersonales, de manera que, la falta de entrega, la incapacidad para comunicarse, ocasiona dificultades sexuales en la relación. A su vez, ciertos tabúes con respecto al sexo y al contacto corporal en general, pueden obstaculizar la intimidad psicológica. El contacto corporal y la intimidad psicológica, aunque diferentes, están muy interrelacionados. La intimidad psicológica y el acercamiento y comprensión que esta genera, se alcanza, en buena medida, a través del contacto corporal y la empatía emocional que este provoca. A su vez, la falta de contacto físico, genera alejamiento emocional.
El sexo es uno de los modos más profundos de sentir dentro de las relaciones interpersonales, de manera que, la falta de entrega, la incapacidad para comunicarse,
ocasiona dificultades para el disfrute sexual y erótico en la relación. A su vez, la falta de contacto físico, ciertos tabúes o desinformación con respecto al sexo, al contacto corporal y al erotismo, pueden obstaculizar la intimidad psicológica y la cercanía emocional. Aunque en la relación de pareja se transita por diversos momentos cada vez más profundos de intimidad psicológica, el punto en el que logran combinarse el contacto sexual y la intimidad psicológica, es el de mayor contribución al desarrollo de la personalidad y del propio vínculo. La intimidad psicológica apunta hacia aquella posibilidad que tenemos, a partir de la propia personalidad, de revelar los sentimientos y pensamientos más profundos y que la otra persona con quien nos relacionamos, pueda también compartir los suyos. Es una exigencia para el desarrollo de afectos profundos y de un vínculo duradero. La intimidad psicológica es un proceso gradual, en la medida en que se siente correspondencia y la certeza de la confiabilidad mutua. Supone el disfrute de la compañía de la otra persona, intercambio de modo libre de tiempos, ideas, emociones, placer, experiencias. La vía para alcanzarla es la comunicación afectiva, aunque la intimidad no es sinónimo de amor afectuoso, pues hay sujetos que se quieren sin expresar su mundo interno. Otras veces la intimidad se produce de modo ocasional, circunstancial. La intimidad se asocia a sentimientos de acercamiento tales como, el deseo de promover el bienestar de la otra persona, vivenciar la felicidad a su lado, el respeto y la validación del otro(a), la entrega personal, etc., en términos de una vivencia global. La intimidad psicológica supone la capacidad de arriesgarnos a ser vulnerables al compartir sentimientos que podrían no ser aceptados por la otra persona. Supone la capacidad de apertura, de autenticidad. Se trata de comunicarse en el sentido de compartir algo profundo de sí mismo(a), en lugar de intercambios triviales o externos que oculten de sí mismo(a), tanto como el más inmenso silencio. Exponerse ante otro(a), posee un elevado costo psicológico, por la disponibilidad a la censura que origina la apertura personal con sus aciertos, desaciertos y temores. La intimidad psicológica exige madurez psicológica, suficiente autoconocimiento que le posibilite al sujeto identificar sus necesidades y sentimientos, autoestima favorable que garantice cierta seguridad en sí mismo(a) como para mantener íntegra la identidad personal ante el hecho de exponerse. La autoidentidad y autoestima dañada, dificultan el establecimiento de la intimidad, al centrarse más el sujeto en mostrar su validez y obtener reconocimiento. Por ello, la intimidad psicológica requiere de la capacidad de descentrarse, salirse de uno mismo(a), comprender al otro(a) desde su óptica y lograr así el entendimiento mutuo.
Algunos sujetos, angustiados ante una imagen distorsionada de sí, evaden la intimidad. Ante esta realidad, se generan diversas argucias para aliviar el temor de la cercanía. Una de ellas es la insensibilización, no concentrarse en la relación, desviarse hacia otras
direcciones, soslayar la apertura comunicativa y comportarse conforme a roles ya conocidos, mantener luchas por el poder en el contexto de la relación lo cual limita el grado de acercamiento, la tendencia a las discusiones así como los sentimientos ambivalentes y contradictorios hacia el otro(a). Algunas personas no se adaptan a una convivencia íntima, esto les provoca ansiedad que muchas veces se expresa en tendencias agresivas que destruyen las relaciones amorosas. Hay sujetos que ostentan una intimidad egocéntrica, centrada en la satisfacción de sus propias carencias afectivas y se entregan a una pseudointimidad simbiótica. Mientras que, la intimidad psicológica, se une al hecho de expresar responsablemente los propios sentimientos, no dañar a la otra persona o ignorarla a partir de una expresión egocéntrica, en monólogo, que desconozca sus necesidades. Quien se autoexplora poco, por temor o incapacidad, poco podrá contribuir a configurar un vínculo interpersonal. Así, antes de la intimidad interpersonal, resulta vital la intimidad con uno mismo. La intimidad psicológica real exige, entre los sujetos que la comparten, la suficiente confianza como para poder revelarse sus aspectos más íntimos y aceptar al mismo tiempo, sin agobio, la intimidad y la vulnerabilidad del otro(a), a partir de la capacidad de escuchar, la tolerancia y permitir la empatía necesaria para que exprese su intimidad. Aunque la intimidad psicológica sea el nudo del amor feliz y posea gran importancia para el desarrollo de la personalidad, pues consolida la autoaceptación, confianza y seguridad es, sin embargo, una cualidad muy difícil de adquirir y no aflora siempre en condiciones espontáneas de desarrollo. Se trata de particularidades subjetivas que requieren de aprendizaje. La relación de pareja, engendra dilemas y paradojas. Quizás el más crucial de ellos sea la contradicción e interpenetración entre intimidad - soledad; dependencia -independencia; fusión - individuación; indiferenciación - diferenciación; trascendencia del yo - sentido del yo; seguridad - libertad. Como si la propia relación por su naturaleza contradictoria, engendrara ambivalencia entre el amor y el desamor, entre el acercamiento y el alejamiento, fenómeno típico de las relaciones íntimo - personales. La capacidad de intimidad psicológica, define los límites de la capacidad de amar. Según sea la tolerancia a la intimidad psicológica, así serán las posibilidades de amar. Asimismo, la incapacidad para la intimidad psicológica, puede constituir un freno para la relación amorosa y para el crecimiento erótico. El sentimiento amoroso, genera cierta necesidad de la otra persona, la cual en virtud de esto, va adquiriendo determinado poder. Así, junto a la propia vivencia de acercamiento que origina la necesidad del otro(a), se genera cierto temor hacia el poder que el otro(a) va logrando, cierta incomodidad hacia el hecho de poner el propio destino en sus manos, con la vivencia de dependencia que ello crea.
No todas las personas poseen la misma capacidad para la intimidad psicológica, el mismo deseo de experimentarla o la misma posibilidad de tolerarla. A algunas personas no les interesa o les interesa de modo selectivo, mientras que otras carecen de tal posibilidad. No obstante, la mayoría de las personas necesitan de esta intimidad, aún cuando se sientan imposibilitados o defiendan una posición contraria.
Intimidad psicológica es sinónimo la creación de un espacio común de contenidos y acciones, que se mueve desde lo más impersonal hasta lo más personal. La relación independencia - intimidad, es un eje de conflicto crucial en el vínculo amoroso. Los sujetos en la relación de pareja, están en movilidad constante entre ambos polos y están definiendo, configurando y redimensionando la intensidad emocional del vínculo, en función de su personalidad, de sus concepciones, juicios, valoraciones, de sus procesos autovalorativos, que se expresa de modo integrado como potentes reguladores de su comportamiento en esta esfera de la vida. La expresión de la intimidad - entendida como la capacidad para la apertura intelectual, emocional, para la entrega subjetiva y corporal - está atravesada por la condición de género y es vivida de modo diferentes por mujeres y hombres. Las mujeres están mucho más socializadas para el contacto íntimo, para la apertura emocional, para la fusión mientras que los hombres están mucho más socializados en la represión de los afectos, para la autonomía, para ejercer el dominio y aunque también necesitan y buscan el cariño, tienden a vivir la excesiva fusión e intimidad como pérdida de identidad, de autonomía por eso es más frecuente en ellos la alternancia entre la fusión – separación. Por esto a veces tienden a aislarse lo cual se interpreta por las mujeres como desamor. A partir de aquí ellas los persiguen, los celan o los castigan por el supuesto desamor. En las mujeres, la insatisfacción de sus necesidades de amor, de escucha de sus sentimientos posee como respuesta la retirada, la evasión de la intimidad y de las relaciones sexuales. Las mujeres como tendencia desean expresar libremente sus emociones y que su pareja les escuche y las comparta mientras que los hombres tienden más a buscar aceptación y apoyo y usualmente rechazan la reiterativa expresión o reclamo de afecto por parte de sus parejas mujeres que incluso lo perciben como culpabilización pues no tienen mucha costumbre de hablar de sus problemas a menos que sea para pedir un consejo. Los hombres tienden a ser más prácticos y al estar educados con la fuerte exigencia de ser capaces y obtener resultados necesitan más la valoración, la aceptación de su independencia, de sus espacios personales. Valoran mucho más el poder, la competencia, la eficiencia, por lo que pedir ayuda para ellos, es signo de debilidad. Las mujeres necesitan más la empatía, las expresiones de amor como los abrazos, los besos. Están mucho más educadas para valorar los sentimientos, el amor, la comunicación, las relaciones. La comunicación también es diferente. Las mujeres tienden a usar metáforas, generalizaciones y superlativos. Los hombres tienden a una comunicación más textual y prefieren las soluciones rápidas.
Por esto escucharse, aceptarse, validar los mutuos sentimientos, compartirlos y evitar las críticas o ignorar a la otra persona son elementos que podrían sugerirse para contribuir a construir mejor el amor y nuestros vínculos. Apoyarse en sentimientos y planes mutuos. En cuanto a la intimidad sexual, corporal es interesante pensar que la sexualidad para las mujeres tiende a ser el lenguaje de los afectos por excelencia, como una derivación de un estado emocional satisfactorio. Con independencia de las diferencias individuales, las mujeres reclaman muchas más caricias de las que desde la cultura se estiman que son las preferidas para ellas.
Dra. Lourdes Fernández Rius