sábado, 3 de marzo de 2012

Participación del hombre en el embarazo y en el cuidado de los niños: una sinergia de salud positiva relacionada con el género


A medida que las mujeres han ido integrándose en el sector laboral, han presionado a los hombres para que compartan el trabajo doméstico y la atención a los niños. Sin embargo, la contribución de los hombres a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos no ha llegado a ser paritaria y muchas mujeres se encuentran a sí mismas volviendo de sus trabajos remunerados solo para realizar la mayor parte de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos (Hochschild 1989). Bird y Fremont (1991) observaron que cuanto más tiempo invierte la mujer en los trabajos domésticos, peor es su salud. El hecho de que los hombres no compartan el trabajo doméstico significa que la mujer suele tener menos tiempo para dedicar al ejercicio y a la actividad física que favorecen la salud (Sabo y Snyder 1993). En las naciones desarrolladas, la creciente participación de la mujer en el sector económico, tanto formal como informal, se asocia a un mayor riesgo de morbilidad y, cuando cae enferma, sus oportunidades de descanso y recuperación son menores (Vlassoff y Bonilla 1994). Algunos defensores de la salud demandan cambios en los papeles conyugales que alivien estas sinergias de salud negativas relacionadas con género. Para Swedin (1996), la salud global de la familia tiende a mejorar cuando los cónyuges actúan como socios para negociar las demandas conjuntas del cuidado de los niños y la participación laboral. Su investigación demostró que, si el hombre participa en grupos de “entrenamiento para la paternidad”, será más probable que desarrolle vínculos más estrechos con su esposa y relaciones más saludables con sus hijos.

Sin embargo, pocas parejas alcanzan el ideal de “paternidad compartida” y una de las razones para ello es que a menudo los hombres no tienen una visión clara del papel que han de desempeñar en relación con el embarazo, el parto y el cuidado del niño. No obstante, las políticas que abogan por la “paternidad compartida”, el “entrenamiento para la paternidad” o la “licencia paternal pagada” parecen más sensatas en relación con la salud tanto de las mujeres como de los hombres.

Autor: Don Sabo

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